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Opinión | Sábado, 12 Diciembre 2020 17:20

#ElTribunero|| La intensidad a ratos no gana partidos

#ElTribunero|| La intensidad a ratos no gana partidos

 Por Carlos Vicent.

Ver al Valencia produce rabia. Saber que es un equipo mermado numéricamente, sin jugadores diferenciales, con muchas limitaciones y un entrenador al cual le está viniendo grande este “proyecto” decepciona. Independientemente a ello, el único recurso aprovechable en estos casos es la intensidad y en este equipo parece que escasea.

Finalizado el choque frente al Bilbao, la gente se cuestiona sobre el qué sucede para explicar cómo el conjunto de Gracia se desconecta tanto de los partidos. Después de una decente primera parte en la que se iba al descanso con resultado ventajoso y buenas sensaciones, todo se va por la borda con la indecencia inicial. Diez minutos ha tardado el Athletic en hacer el empate y no mucho le ha costado ponerse por delante después de la bochornosa, patética y penosa puesta en escena tras la reanudación.

Los futbolistas son los que son, con sus carencias y defectos, pero nunca puede faltar la intensidad. La garra y el espíritu de los jugadores se ha visto en delirantes momentos, pero siempre intermitentes. Sabiendo las limitaciones que azotan a la plantilla, es una temeridad el hecho de salir absortos al verde, por no hablar de los criminales detalles tácticos que tanto nos han perjudicado a principios de temporada. Si a estos comportamientos terroristas les añades la nula reivindicación del técnico, el cóctel es idóneo para no poder aspirar a nada.

La derrota hubiese supuesto meternos en un abismo. La victoria hubiese significado poder acercarte a los puestos donde debes (pero no te mereces) estar. El empate es quedarte en un limbo sin rumbo ni hoja de ruta. Estar en zona de nadie es el aura insípida que rodea al Valencia ahora mismo y mata las ilusiones de los valencianistas poco a poco. Si los resultados próximos no acompañan, el desgaste de la fe del aficionado será muy doloroso y esto puede ser vital para todos. Porque independientemente a que haya o no venido bien la pandemia para algunos, el público en Mestalla estaba por y para el fútbol, idea que ahora no se vive dentro del club. 

Los resultados pueden condenar al equipo, pero la pasividad general puede acabar con él. La situación es muy crítica y el único remedio inminente que hay es mirar positivamente al futuro incierto. Estamos obligados a confiar ciegamente en quienes están y pensar en que remontaremos esta situación, porque el presente sigue siendo una pesadilla...

 

 

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