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Opinión | Martes, 04 Abril 2017 11:51

La constante evolución

Foto: LFP. Foto: LFP.

 

Al ritmo de Lori Meyers y con el corazón todavía sujeto en una de mis manos latiendo a cien pulsaciones por minuto. Así me despedía, tal vez aún algo desubicado, de las entrañas del Ciutat de València el pasado sábado.

Prácticamente tres horas después del pitido inicial y con la misma emoción de cada fin de semana, tomé un trozo de papel arrugado y perdido entre el cableado del portátil para dibujar una sonrisa y la palabra Cádiz justo al lado. Creo que será el día indicado para exhalar de manera definitiva el grito más profundo, el definitivo.

Un equipo en constante evolución

Líder contra colista. Grande contra pequeño. Se enfrentaban el proyecto más sólido de la categoría, con un pie y medio en Primera División, y un equipo que estrenaba entrenador por cuarta vez en lo que llevamos de temporada y que se descuelga a siete puntos de la zona de permanencia. Tras los noventa minutos, cualquier atisbo de simplicidad en el análisis se marchó directamente por la borda.

La realidad de la Liga 1|2|3 es diametralmente opuesta a lo que pueda exponerse entre líneas en cualquier previa. 22 guerreros peleando de manera incesante y, casi siempre, con finales ajustados. El mérito de este Levante es haber evolucionado de transatlántico a barco de combate. Una constante metamorfosis con el fin de adaptarse a cada rival y devorarle constante y sigilosamente.

Un golpe general

El susto que hizo recorrer un escalofrío por todos y cada uno de los presentes en Orriols cuando Pedro López cayó fulminado en una disputa aérea desubicó, y de qué manera, a un Levante muy superior durante los primeros treinta minutos. La mejor de las noticias, sin duda, fue escuchar al capitán azulgrana absolutamente recuperado horas después en la habitación del hospital.

Mucho fuego para tan poco asado

Saveljich entró en detrimento de Pedro para así reubicar a Róber en el lateral diestro y que el argentino formase junto a Chema en el centro de la zaga. Lento, desubicado y muy alterado, Esteban comenzó a pagar su frustración con Guarrotxena en una acción carente de lógica y que no repercutía peligro alguno. El colegiado, bien atento, le amonestó de inmediato.

El paso por vestuarios no sirvió como estímulo positivo para un Saveljich que, nuevamente, cometió un grosero error en la marca de Sangalli para propiciar el empate visitante. Muñiz, consciente de la situación y a quien el pulso le tiembla más bien poco a la hora de tomar decisiones, le relevó por un Montañés que ocupó el perfil zurdo del ataque. Morales se convirtió en carrilero y Pier retomó su cometido habitual. Los aspavientos y las palabras del ex de Racing tuvieron ya su repercusión y posterior disculpa pública.

La magia de un feudo inexpugnable

Minuto 90, empate a un gol, Roger marrando una pena máxima y los nervios a flor de piel. ¿Y qué más da? Con el equipo volcado, y tras un saque de esquina, el zaguero rojillo se abraza al ariete valenciano de manera flagrante y el colegiado decreta los once metros. Ahí, sin titubeo alguno, el ‘9’ de este Levante UD rubrica su vigésima diana de la temporada y deja los tres puntos en casa.

Pero, ¿pensabais que con eso era suficiente? El drama hizo amago de aparecer en un balón colgado al área en las postrimerías del descuento, pero el poste dijo basta y el graderío respiró aliviado. Getafe, Reus… y Cádiz. La trilogía está en camino. El cielo nos espera.

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