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Copa del Rey | Miércoles, 04 Marzo 2015 22:00

Fin a la ilusión de todo un pueblo (1-3)

Neymar y Suárez estuvieron intratables. (FOTO: LIGA BBVA) Neymar y Suárez estuvieron intratables. (FOTO: LIGA BBVA)
El Fútbol Club Barcelona venció con dos goles de Neymar y uno de Suárez, pero el Villarreal creyó gracias a un gol de Jonathan dos Santos al filo del descanso. El Barça estará en la final. Al submarino, la entrega y la imagen ya no se las quita nadie.
 
"La il·lusió de tot un poble". Así comienza el himno del Villarreal, y así comenzó el encuentro antes de que los protagonistas saltaran al campo. Un estadio lleno creyó en una remontada casi imposible que se acabó marchando cuando, a falta de poco menos de media hora cuando Tomás Pina se marchó a la calle. Antes, un vaivén de sensaciones que llevó al submarino amarillo, por muchos minutos, a creer que pasar a la final de Copa era posible. El Barcelona sufrió y le jugaron como pocas veces.
 

El Villarreal empezó ilusionado. El Barça le quiso quitar el sueño rápido. Para qué dejar que tengan esperanzas, debió pensar Messi cuando metió ese centro perfecto hacia Neymar en el tercer minuto de juego. Tan solo con esa pizca de magia, de la que el argentino siempre guarda, los blaugrana quisieron finiquitar la eliminatoria. Asenjo nada pudo hacer y a la defensa amarilla, al completó, la jugada le pilló a contrapié. Pero los amarillos, tras el gol, corroboraron que no tenían nada que perder. Y se pusieron a dominar. A dominar de verdad. 

 
El Barça cedió el balón y, aunque lo siguiera teniendo la mayoría del tiempo, se preocupó más por preservar el marcador. Las ocasiones y el peligro eran de los amarillos. El centro del campo de Luis Enrique hacía aguas ante la presión de un equipo que no se cansaba ni de robar balones ni de frustrase cuando se acercaba a puerta. Pina y Trigueros repartían y los centrales del Barça quedaban en jaque. Sucedía que, una vez los amarillos veían a Ter Stegen, se acongojaban. El miedo a ganar evitó que la primera parte fuera historia futbolística. La esperanza la mantenía la grada que, fallo tras fallo, entonaba el sí se puede. Creyeron todos y, como es más bonito mantenerse dormido y luchar hasta el final, el submarino empujó hasta que consiguió el empate.
 
Pina abrió para Jaume Costa. Por el camino, el manchego lesionó a Busquets. Todo involuntario, aunque grave. La jugada continuó y Costa centró. El balón se paseó y le llegó, en el segundo palo, a Jonathan dos Santos. Después de muchos intentos fallidos, llegó el gol de la esperanza. El Barça se defendió como nunca, despejando balones. El Villarreal estaba encendido y no solo aguantó el resultado hasta el descanso sino que, en general, mereció más.
 
El Villarreal lo siguió buscando y le honró. Con la reanudación llegaron veinte minutos de buen fútbol y de combinaciones que demostraron que el submarino amarillo puede jugar de tú a tú a cualquiera. Sin tener que esconderse a contragolpear aunque también lo sepa hacer. La afición se lo creyó pero, a falta de veinticinco minutos y cuando el Barça aún no se había acercado ni una vez, Fernández Borbalán intervino para dejar con diez a los de Marcelino. La entrada de Tomás Pina sobre Neymar fue dura y por detrás. Cuesta imaginarla del lado contrario, sí, pero no deja de ser una roja clara. El Villarreal se hundió con uno menos, porque fue entre los once como construyeron una nave en la que el esfuerzo fue la clave para mantener a raya al Barça.
 
Los de Marcelino siguieron cortando cada balón hasta que uno se les escapó y significó la sentencia. Luis Suárez y Neymar, de nuevo, fueron los verdugos de una causa noble que debe seguir viva, ahora, en dos competiciones. La manera en la que el submarino buscó la final fue para admirar. Ni el empate del Bernabéu ni la derrota ante el Barça son victorias materiales. Pero pueden servir para construir una personalidad ganadora de aquí a final de temporada. El Fútbol Club Barcelona, por cierto, jugará la final de la Copa del Rey.

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